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Revista Convicciones

Convicciones N° 05 - Para el discernimiento - El Totalitarismo

Para el discernimiento

TOTALITARISMO

El totalitarismo representa una concepción del Estado que lo sitúa como un fin en sí mismo, en lugar de constituir un medio para conseguir fines que permitan la trascendencia de la sociedad y del individuo.

Todos los sistemas totalitarios se caracterizan por su dogmatismo, es decir en la presunción de los que quieren que sus afirmaciones sean tenidas como verdades absolutas, más que su otra definición: doctrina filosófica que supone a la razón, capaz del conocimiento de la verdad. Esos sistemas imponen concepciones sin posibilidad de crítica . En esa dirección, se elabora una filosofía oficial, y las manifestaciones públicas como la prensa, la publicación de libros, etc., deben orientarse exclusivamente en sus postulados.

De allí que el Estado sienta aversión (rechazo o repugnancia por algo o alguien) por los intelectuales, en quienes ve el germen de la crítica.

El totalitarismo se sirve de diversos medios para lograr su fin, como la propaganda y la elaboración de la figura de un enemigo común a toda la sociedad. Al mismo tiempo, los totalitarismos se basan en un apoyo popular estructurado a través de un partido nacional que tiene la condición de única expresión política.

El totalitarismo surge en períodos de crisis, donde la inseguridad invade el cuerpo social, quien en una primera etapa fundamentalmente la clase media, ve en él una solución y una protección frente a la disgregación .

Si bien el totalitarismo utiliza la dictadura como instrumento de gobierno, no todas ellas pueden identificarse absolutamente con esta concepción, ya que existen regímenes dictatoriales que, aunque en forma restringida, permiten expresiones políticas y sociales disidentes; es decir, expresiones políticas y sociales separadas de la común creencia, doctrina o conducta que poco puedan hacer para que la sociedad despierte a la conciencia política.

En el final del siglo XX este tipo de gobierno se ha dado en varias partes del mundo y con ejemplos muy marcados. En la actualidad, pueden identificarse regímenes de este tipo. En latinoamérica tampoco se ha estado ni esta ajena a seguir padeciendo tal forma de gobierno, aunque todos los países que la componen hayan adoptado la democracia para gobernarse.

El pensamiento totalitario, además, no es privativo solo del Estado como forma de gobierno, sino también de otras caracterizaciones “democráticas” evidenciadas en movimientos sindicales o del deporte, por citar algún ejemplo abarcativo.

Quien se desempeña en altos cargos dirigenciales y ejerce el pensamiento totalitario, siente una omnisciencia tal que cree poseer el derecho de pensar por todos, cuando en realidad, el “factor” disidente es fundamental para las correctas tomas de decisiones. No permitir por la vía que sea, el normal desarrollo de la sana disidencia, desnuda al totalitario y a quienes se benefician con él.

por Walter Darío Bravo

periodista

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