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Revista Convicciones

BIOGRAFIA DE UN EXITO - LOS URRUTIA

            En ningún momento de la agradable entrevista que Máximo Urrutia ofreció a Convicciones, mencionó la palabra “Yo” sino, “NOSOTROS”. Esto reafirma que el éxito se forjó no solo con visión de futuro. Tampoco nadie podría suponer que posee en realidad, más edad de lo que aparenta, ya que es dueño de una notable lucidez y locuacidad, lleva lozanos sus 91 años de vida -lo entrevistamos en vísperas de su cumpleaños.

Increíblemente, tras sus cinco intervenciones quirúrgicas -una de ellas de riesgo mortal, verlo elegantemente de pie, o sentado, o caminando, hace pensar que es toda una estampa. Por donde se lo aprecie resulta una persona agradable, sencilla, desenvuelta, solícita y de una gran educación.

Algo anticipaba que don Máximo es más que su propio logro. Ese indicio parte de una anécdota que se dio en una escribanía local: tras admitir a la secretaria la travesura de haberse escapado de su chofer, la escribana lo escucha y ordena que se lo atienda inmediatamente. Este se niega gentilmente y exige que se respete el turno de llegada de los demás en espera. De muestra sobra un botón.

En una narración exquisita nos pudimos enterar que del buque Tucumán –muy utilizado a principios del 1900 por los grandes contingentes de inmigrantes europeos- desembarca el español Pedro Urrutia en 1911, y más adelante, en 1912, lo hacen Andrés Urrutia, Nicasia Iturbe –esposa de éste, Diego y Jesusa Urrutia, hijos de ambos. Más tarde irían por Carmen y Eugenio.

No fue nada sencillo vivir lejos del aroma salobre del mar y el clima de Bilbao, y comenzar de cero en otra latitud del mundo, en una tierra que ofrecía innumerables diferencias a la campiña conocida allá en España. Hubo que hacerlo, el deseo de progreso todo lo puede.

El viaje fue directo de Buenos Aires a Misiones. El destino: Mártires. Fue el primer asentamiento de los Urrutia. La casita que se construyó en aquel entonces era de palos rollizos, techo de pindó  y se la abrigaba del frío monte con manteles españoles colgados en su interior, como cortinas, a causa de las rendijas entre los palos de las paredes, ya que no existían las tapajuntas. Siete años más adelante se construyó la casa con sótano, aprovechando los desniveles del suelo y como remembranza de la casa paterna.

Eran 100 hectáreas las que se solicitaron al Gobierno de la Nación y les tocó un terreno más apto para el tabaco, que para el cultivo obligatorio por Ley: la Yerba Mate. Todo era desconocido y había que ir inexorablemente para adelante.

De Mártires a Bonpland para el trueque de poroto y maíz por mercadería. Así era la subsistencia en los inicios y la familia fue creciendo. Comenzaron a llegar José, Máximo, Francisco, Enrique y Ana... Anita.

Rememorando a don Andrés, Máximo se refiere a “El padre”, así lo llamaban. Nunca los castigó físicamente, ...con “La madre” doña Nicasia era otra cosa, cuenta Máximo sonriendo, hundiéndose en los recuerdos. Cuando tenían edad suficiente, los hermanos partían juntos al rozado en horas de la madrugada a carpir. Llegaba un momento en la mañana en que “El padre” a la distancia "venía tosiendo", señal que había que dejar de jugar en la enramada y a seguir carpiendo!. Nunca los retó por ello. Traía el desayuno: mate cocido con leche y polenta, y el respeto que se sentía por la figura paterna era fuerte, decía Máximo recordándolo sin resquemores. Nos iba moldeando el carácter.

Cuando llegó la época de la cosecha de yerba, todos trabajaban a la par y organizadamente. Todo era rudimentario y artesanal. La secanza y molienda también era tarea familiar. Con voluntad y sacrificio llegaron a formar un volumen importante de canchada y molida, lo que avizoraba un próximo viaje de los Urrutia -como lo hicieran tantos otros en búsqueda de nuevos horizontes. Esta vez el destino era: Colonia Yerbal Viejo. Y así llegan con un capital de 40 mil kilos de yerba a lo que hoy se conoce como Oberá.

“El padre” (como lo llamaban), entendía que la enseñanza del trabajo en la chacra no era la única que se debía tomar, por lo que decide ampliar los horizontes de Máximo y José, enviándolos a Posadas a trabajar, para que pudieran aprender a comerciar. "Con 15 años de edad fui empleado como Cadete Cebador de Mate en la Farmacia del Indio -cuenta Máximo, ubicada entonces en San Martín y Félix de Azara y cuyo propietario era el muy conocido Samuel Acuña,  pero fue por poco tiempo porque después acepté ir a Santa Ana a emplearme con Andrés Hadad, un personaje en el negocio de la Yerba Mate.  A los 20 recibí de "El padre" mi primer camión para “fletear”. “Este camión es para ti -me dijo- y lo pagas como puedes” repite rememorando con emoción la frase de su papá.

El camino estaba abierto y cada uno de los hermanos Urrutia formaba un engranaje fundamental en el desarrollo económico de la familia, aunque cada uno -claro, iba teniendo lo suyo. Todos colaboraban con todos, ayudándose mutua y llamativamente sin sociedades. "A pesar de las inversiones de capital en tierra, yerba y forestación que realizábamos en Misiones y Corrientes, vivíamos ajustaditos" –decía con una sonrisa don Máximo, quien aclaró que el ahorro no era un desvelo sino una consecuencia.

El entrañable Eugenio Urrutia "era el más osado al momento de planificar negocios, tenía una visión notable del negocio... era nuestro guía" –nos manifestaba con profundo sentimiento. Parecía quebrársele la voz con el recuerdo.

Al igual que sus hermanos Máximo no solo ayudó a sostener el progreso familiar; sino que también se brindó a la comunidad obereña de manera desinteresada. Fue presidente de la CELO en su primera etapa antes de su organización; tesorero de la CALO; presidente por varios períodos de la Cooperadora de la Escuela 84 villa Svea; además, formó parte del directorio de la Cámara de Elaboradores de Té Argentina –CETA; fue integrante de ASYM, la asociación de Secaderos de Yerba Mate de Misiones y, junto con sus hermanos tuvo un rol preponderante en CAYA, -Centro Agrario Yerbatero Argentino.

Como se verá, la heredad que dejan los Urrutia no es solamente económica. Hay que añadirle el concepto de familia que impuso “El padre”.

En Oberá cuando se menciona este apellido, se dice “Los Urrutia” como entendiendo que el éxito es el lazo de unión que existe entre ellos, continuándose obviamente, con los herederos. Los tiempos cambiaron, las sociedades de hecho de los grupos familiares funcionaron y tuvieron éxito en la unidad de los cinco hermanos.  La unión familiar es el espíritu que prima en los descendientes de estos pioneros, sobrepasando toda forma jurídica “moderna”. Las condiciones del comercio y la exportación impusieron nuevas formas de sociedades pero el grupo sigue actuando como en sus orígenes. Con el correr de los años aquel secadero artesanal se fue transformando mediante la tecnología que fueron incorporando en el emporio yerbatero y tealero que es hoy en día. Los hermanos se fueron adjudicando roles en el desarrollo empresario aún con el pesar por la temprana pérdida de Francisco a manos de una enfermedad ahora curable.

Don Eugenio por condiciones naturales ejerció el liderazgo. Cuando el cultivo del té era una incipiente posibilidad, don Eugenio viajó a la India para interiorizarse de las factibilidades de incremento del cultivo. Metodología y comercialización fueron los rubros abordados y así, se convirtieron en los primeros exportadores de té argentino a Inglaterra.

La imagen del primer embarque en el paquete de té que comercializaron, quedó grabada como un caso emblemático de lo que puede la voluntad y la capacidad del individuo -más allá de la diversidad de caracteres que se daba en por ejemplo don Enrique, extrovertido, sanguíneo y visceral y el notorio contraste del bajo perfil de Máximo- sin aminorar en momento alguno la unidad del grupo.   Los cinco hermanos devolvieron con generación de divisas, de fuentes de trabajo, el que se hayan abierto las puertas de la Nación por entonces al tío Pedro, y a Andrés luego. Esa huella abierta hace 95 años sirve de guía a sus actuales herederos. Hijos, sobrinos y nietos hacen honor a la memoria de Pedro y de Andrés Urrutia, que como modernos Quijotes, no teniendo molinos que combatir con el machete y la azada, enfrentaron al monte y triunfaron.

Talvez la actitud más sabia de estos cinco hermanos es haber encontrado el modo de traspasar sin traumatismos, todo el bagaje empresarial a sus sucesores, continuadores de la conducta de sus mayores

Hurrutia Hermanos constituyen una sociadad encomandita por acciones propietaria de los campos de provincia de Corrientes en 1954, una estancia de mas de trece mil has, que en la actualizad esta dividida entre los herederos. También en el paraje las 30, de Oberá, en la propiedad de Eugenio Urrutia se instaló en 1952 un secadero de Te ( desmantelado en 1953), e instalan el actual secadero de Té en Villa Svea quen en el año 1993 cesa en sus actividades.

Al poco tiempo en 1962, la S.A. integrada por Enrique “Quique” y Francisco “Paco” Urrutia alquilan las instalaciones y proceden a modernizarlas, triplicando la producción según normas ISO 9000.

            Este primitivo secadero fue instalado con maquinarias y tecnología importada. Es el único secadero que utiliza chip de pino como una medida para conservar el monte nativo.

Respetando la tradición se constituye en el año 1952, el secadero “Las 30 S.A.” integrado por Enrique “Quique” Urrutia y Francisco “Paco” Urrutia cuya función es exportar Té.  Estas exportaciónes van firmadas como “LAS TREINTA SA”.

En el km 10, de Oberá, el primitivo secadero de yerba sufre numerosas innovaciones siendo en la actualidad explotado solamente por Enrique “Quique” Urrutia, hijo del fundador.

Luego se sonstituye una sociedad anónima denominada “SANESA”, de la que forman parte QUIQUE y PACO que se dedican a la molienda de yerba para terceros y comercializa con las marcas propias “NATURA” y “URRUTIA”, como así también el envasa te para consumo interno y exportación con la marca “URRUTIA”:

            A partir de 1970 Alberto, Quique y Paco se van incorporanto al quehacer de las empresas de sus padres.

            Las plantaciones de EL ALCAZAR y de COLONIA ACARAGUA es propiedad de Enrique Urrutia (padre) y actualmente heredadas por sus hijos. En Colonia Acaragúa hay un yerbal propiedad de “Quique” y “Paco”.

            Máximo Urrutia y sus hermanos, Eugenio, Francisco ( Fallecido en 1957 ), Enrique y José cedieron a sus correpondiente herederos todas las poseciones.

Por Abraham Slucki
Fundación Zona Centro

 

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4 comentarios

norma estela lopez -

Mi madre , Candelaria Ortiz trabajo con los Urrutia en las 30 Obera, por mucho tiempo y siempre que hablaba de ellos lo hacia con respeto y admiracion ella decia "don Eugenio don Enrique"y eso es lo que siento por ellos.Hoy estoy muy lejos de mi pais pero cada vez que escucho esos nombres me remonto a nuestra bella selva misionera, con yerbales y tesales. Hoy dia toda mi familia vive en Posadas y yo en Miami Florida pero no estoy sola porque el mate es parte de mi vida. Mis saludos y respetos para toda la flia Urrutia.

Sebastian Urrutia -

Probablemente este señor sea familiar mio. Y Pedro y Andres Urrutia talvez fueron quienes invitaron a mis ansestros a venir. Soy uruguayo y descendiente de Miguel Urruta Ostoa

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What is the secret ingredient of difficult those that allows them to be successful?Why do they endure the tough occasions when others are overcome by them? Why do they win when other individuals drop? Why do they soar when other individuals sink?

Gladys Viana -

Mi padre, Saul Viana, misionero, desde chico trabajó con los Urrutia, recuerdo que lo nombraba con cierto aprecio y afecto a Don Enrique,a quien conocimos mis hermanas y yo allá por la década del 75 que vivimos en Villa Svea hasta el 77 año en que mi padre fallece y volvimos a residir en BUenos Aires, SIEMPRE, decia mi padre, estaré agradecido el haber conocido a tan ejemplar persona, honesta, afable, de quien he aprendido el valor de una amistad.
Nosotras, sus hijas, lo hemos conocido como vecino, y sobre todo por los comentarios de Don Viana !!!
Vaya mis saludos y respeto a la persona de Don Enrique Urrutia.
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